Cuba, sumida en una nueva crisis energética: millones de personas enfrentan apagones de hasta 72 horas

La Habana, 4 de agosto de 2026. Cuba atraviesa una de las peores crisis eléctricas de su historia reciente luego de sufrir un nuevo colapso total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), dejando sin suministro a los cerca de nueve millones de habitantes de la isla. Se trata del segundo apagón general en menos de 24 horas, el séptimo registrado en lo que va de 2026 y el undécimo en los últimos dos años, reflejando el profundo deterioro de la infraestructura energética del país.

El colapso ocurrió mientras técnicos de la empresa estatal Unión Eléctrica (UNE) intentaban restablecer el servicio tras una caída ocurrida durante la noche del domingo. Sin embargo, cuando apenas el 14% de La Habana había recuperado la electricidad, el sistema volvió a desplomarse, dejando nuevamente a todo el país a oscuras.

Para los cubanos, convivir con los cortes de luz se ha convertido en parte de la vida cotidiana. Sin embargo, la magnitud de la crisis actual supera cualquier antecedente reciente. En numerosas provincias los apagones habituales ya alcanzan entre 20 y 72 horas consecutivas, afectando el funcionamiento de hospitales, comercios, escuelas, sistemas de comunicación y el abastecimiento de agua potable.

Los testimonios de los habitantes reflejan la gravedad de la situación. Milagros, una vecina de Matanzas, explicó que cuando ocurrió el colapso ni siquiera pudo darse cuenta porque ya llevaba varias horas sin electricidad. Además, señaló que la falta de energía provoca también la caída de los servicios de telefonía e internet, dejando a miles de personas completamente incomunicadas en caso de una emergencia.

Especialistas distinguen entre los apagones programados y el colapso del SEN. Mientras los cortes habituales responden a la incapacidad del país para generar suficiente energía, una caída del sistema implica que deja de producirse electricidad en todo el territorio nacional.

El Gobierno cubano atribuyó el último incidente a fenómenos meteorológicos que afectaron las líneas de transmisión y las unidades generadoras. Sin embargo, expertos independientes sostienen que el problema es mucho más profundo.

El investigador Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, explicó que la red eléctrica cubana funciona como una cadena de dominó: una falla importante en las líneas de transmisión puede provocar la caída completa del sistema, incluso cuando algunas centrales continúan generando electricidad.

La crisis energética también se ha visto agravada por las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y por la reducción del suministro de combustible proveniente de Venezuela, históricamente el principal proveedor de petróleo para la isla.

Durante los primeros meses del año, la generación eléctrica cayó alrededor de un 20%, mientras que los cortes diarios en La Habana pasaron de un promedio de cuatro horas a casi 18 horas por jornada. La llegada de un cargamento de petróleo ruso en marzo alivió temporalmente la situación, aunque el combustible se agotó pocas semanas después.

A pesar de ello, varios analistas consideran que el origen del problema es estructural. La mayor parte de la electricidad cubana depende de antiguas centrales termoeléctricas construidas durante la época soviética, muchas de las cuales ya superaron ampliamente su vida útil estimada en 35 años. A esto se suma la falta de mantenimiento, la escasa inversión durante décadas y el uso de petróleo nacional con un alto contenido de azufre, que acelera el deterioro de los equipos.

Frente a la gravedad de la situación, el Gobierno cubano flexibilizó parcialmente algunas de sus políticas económicas y permitió que pequeños empresarios importen cantidades limitadas de combustible. También autorizó la apertura de estaciones de servicio privadas, una medida inédita para un país que durante décadas rechazó este tipo de iniciativas.

Sin embargo, estas decisiones no lograron revertir la crisis energética ni reducir significativamente los prolongados apagones que afectan a toda la población.

La falta de electricidad también profundiza las desigualdades sociales. Mientras algunas familias pueden mantener funcionando generadores eléctricos enviados por parientes desde el exterior, la mayoría debe soportar jornadas completas sin luz, sin ventiladores, sin refrigeración para conservar alimentos y, en muchos casos, sin acceso al agua corriente.

Maribel Villalonga, también residente en Matanzas, aseguró que en su barrio pueden pasar “24 horas completas, e incluso más”, sin servicio eléctrico.

Los expertos advierten que incluso si desaparecieran las restricciones al suministro de combustible, la recuperación del sistema demandaría inversiones cercanas a los 10.000 millones de dólares, una cifra que el Estado cubano actualmente no puede afrontar.

Mientras tanto, la economía continúa deteriorándose. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que el Producto Interno Bruto de Cuba caerá al menos un 6,5% durante 2026, acumulando una contracción cercana al 15% en los últimos cinco años.

En medio de este escenario, millones de cubanos continúan enfrentando una rutina marcada por la incertidumbre, los prolongados apagones y la dificultad para acceder a servicios básicos, mientras el sistema eléctrico permanece en una situación crítica sin una solución inmediata a la vista.