Cambia el rumbo de la invasión en Ucrania: 35.000 bajas rusas al mes, territorio recuperado por Kiev y drones cada vez más letales

Ucrania recupera terreno por primera vez en casi dos años y eleva las pérdidas rusas a 35.000 bajas al mes.

Con 1.540 días transcurridos desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, el conflicto ya se aproxima en duración a la Primera Guerra Mundial, que se extendió durante 1.567 días. A lo largo de estos más de cuatro años, la guerra evolucionó a través de distintas etapas marcadas por una acelerada carrera tecnológica, dejando vastas regiones devastadas, arsenales militares agotados y un saldo de muertos y heridos comparable únicamente con las grandes ofensivas de la Segunda Guerra Mundial.

Uno de los principales indicadores del actual escenario bélico se observó durante marzo, último mes del que existen cifras consideradas confiables. Tras atravesar el invierno más duro desde el comienzo de la guerra —con ciudades ucranianas enteras afectadas por cortes de energía y calefacción debido a los ataques rusos sobre infraestructura estratégica—, Kiev logró revertir parcialmente la dinámica del frente.

Durante marzo, Ucrania consiguió avanzar más kilómetros cuadrados que Rusia por primera vez desde el verano de 2023. Según datos del Instituto para el Estudio de la Guerra, las fuerzas ucranianas recuperaron alrededor de 113 kilómetros cuadrados, superando así los limitados progresos rusos en el mismo período. Aunque el número no representa un cambio decisivo desde el punto de vista territorial, sí posee un fuerte valor simbólico, especialmente después de meses en los que se hablaba de una posible gran ofensiva rusa que, hasta ahora, no logró alterar significativamente el equilibrio del conflicto.

El desgaste del ejército ruso también comienza a reflejarse en otros indicadores. Moscú enfrenta crecientes dificultades para sostener el ritmo de reclutamiento necesario para compensar las pérdidas en combate. Mientras en años anteriores el Kremlin lograba incorporar cerca de 50.000 voluntarios mensuales mediante incentivos económicos cada vez mayores, en el último año esa cifra descendió hasta aproximadamente 35.000 nuevos reclutas por mes.

De manera paralela, Ucrania sostiene que las bajas provocadas a las fuerzas rusas aumentaron considerablemente. Según Kiev, si anteriormente las pérdidas enemigas rondaban los 30.000 soldados cada 30 días, actualmente esa cifra asciende a unos 35.000 efectivos mensuales entre militares rusos y mercenarios extranjeros, un número prácticamente equivalente al volumen de nuevos reclutas incorporados por Moscú.

El ministro de Transformación Digital de Ucrania, Myjailo Fedorov, afirmó incluso que el objetivo militar para este año es provocar unas 50.000 bajas mensuales a Rusia. Según su visión, ese nivel de desgaste podría empujar finalmente al Kremlin hacia una negociación de paz concreta.

En paralelo, medios independientes rusos como Mediazona y Meduza actualizaron recientemente sus estimaciones sobre el verdadero costo humano de la guerra para Rusia. Basándose en registros sucesorios y datos verificables de ciudadanos rusos fallecidos entre los 18 y 59 años desde el inicio de la invasión hasta finales de 2025, ambas publicaciones calculan unas 352.000 muertes confirmadas con nombre y apellido.

Sin embargo, los propios medios advierten que el número real probablemente sea mucho mayor. Si se toma en cuenta la relación habitual entre muertos y heridos en el conflicto —estimada en uno a tres—, las bajas totales rusas entre fallecidos, heridos y desaparecidos superarían ampliamente el millón de personas.

El incremento sostenido de las pérdidas rusas responde a varios factores. Uno de ellos es la reorganización de las fuerzas armadas ucranianas en cuerpos de ejército más coordinados, un proceso que demandó tiempo pero que permitió reducir los problemas de desarticulación existentes entre brigadas independientes desplegadas en distintos sectores del frente. Según analistas militares, el mando centralizado mejoró notablemente la capacidad defensiva de Ucrania y redujo las brechas aprovechadas anteriormente por las tropas rusas.

Otro factor clave es el creciente equilibrio en el uso de drones sobre el campo de batalla. Si uno de los objetivos iniciales de Vladimir Putin era desmilitarizar Ucrania, la evolución del conflicto terminó impulsando el desarrollo de una de las industrias armamentísticas más dinámicas del mundo en territorio ucraniano, sostenida en gran parte por la financiación y asistencia militar occidental.

Durante marzo, Ucrania superó por primera vez a Rusia en cantidad de ataques de largo alcance dirigidos contra infraestructura petrolera y centros estratégicos de exportación de crudo. Los ataques sobre instalaciones energéticas rusas comenzaron además a intensificarse con mayor frecuencia en distintas regiones.

En el frente terrestre, las fuerzas ucranianas incrementaron el uso de drones terrestres armados para compensar la falta de infantería y reducir las bajas humanas. Estos sistemas robóticos, equipados con ametralladoras, permiten cubrir extensos sectores del frente sin exponer soldados en la denominada “zona de aniquilación”, áreas donde cualquier movimiento puede ser detectado y destruido en cuestión de segundos mediante drones kamikaze.
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