Yaundé, Camerún. La prolongada ausencia del presidente Paul Biya, de 93 años y considerado el jefe de Estado en ejercicio de mayor edad del mundo, ha generado una creciente ola de especulaciones sobre su estado de salud y ha reavivado el debate sobre la estabilidad institucional del país africano.
Biya abandonó Camerún el 7 de junio junto a su esposa, Chantal Biya, para lo que el Gobierno describió como una “breve estancia privada en Europa”. Sin embargo, más de 54 días después, el mandatario continúa fuera del país, sin que las autoridades hayan precisado cuándo regresará ni en qué nación europea permanece.
El presidente, que gobierna Camerún desde 1982, ha realizado frecuentes viajes al extranjero durante los últimos años, especialmente a Ginebra, Suiza, donde suele alojarse en un hotel de lujo y donde, según diversos informes, ha recibido atención médica en distintas ocasiones. Esta vez, no obstante, el Gobierno rechazó las versiones que aseguraban que había sido hospitalizado.
El ministro de Comunicación, René Emmanuel Sadi, afirmó que Biya “goza de buena salud” y que continúa desempeñando sus funciones desde Ginebra. El funcionario calificó las versiones sobre un deterioro de su salud como “fantasías” y acusó a quienes las difunden de intentar desestabilizar al país.
Otros integrantes del Ejecutivo ofrecieron explicaciones diferentes. El ministro de Educación Superior, Jacques Fame Ndongo, sostuvo que el mandatario sigue revisando expedientes y tomando decisiones desde el extranjero. En tanto, el ministro de Trabajo, Grégoire Owona, aseguró que el presidente simplemente se encuentra disfrutando de sus vacaciones anuales, argumentando que, como cualquier trabajador, tiene derecho a un período de descanso.
La falta de información oficial y la duración de la ausencia han alimentado la incertidumbre dentro y fuera de Camerún. Diversos partidos opositores consideran que el país enfrenta un vacío institucional debido a que el presidente continúa gobernando a distancia mientras atraviesa importantes desafíos económicos y sociales.
Mamadou Mota, vicepresidente del principal partido opositor, el Movimiento del Renacimiento de Camerún, afirmó que un Estado no puede administrarse de manera remota durante una crisis y reclamó mayor transparencia sobre la situación del mandatario.
En la misma línea, el Frente Socialdemócrata cuestionó la falta de explicaciones oficiales acerca de una ausencia que inicialmente había sido presentada como una visita breve. Por su parte, la dirigente opositora Patricia Tomaïno Ndam Njoya solicitó que se determine, mediante un procedimiento institucional, si el jefe de Estado se encuentra o no en condiciones de ejercer sus funciones.
La preocupación también se relaciona con la sucesión presidencial. En abril, el Parlamento aprobó una reforma constitucional que reintrodujo el cargo de vicepresidente, aunque esa posición todavía no fue ocupada.
Esta situación deja al país sin un reemplazante designado en caso de que el presidente quede incapacitado temporal o permanentemente. Según la Constitución camerunesa, mientras no exista vicepresidente, el presidente del Senado debe asumir de manera interina si el jefe de Estado fallece o queda imposibilitado para gobernar, convocándose posteriormente a nuevas elecciones presidenciales en un plazo de entre 20 y 120 días.
Actualmente ese cargo lo ocupa Aboubakary Abdoulaye, elegido este año para reemplazar a Marcel Niat Njifenji, de 91 años.
Paul Biya llegó al poder en 1982, tras desempeñarse como primer ministro durante siete años, convirtiéndose en uno de los mandatarios con mayor permanencia en el cargo en todo el mundo. A lo largo de su gobierno ha sido reelegido en múltiples oportunidades y ha enfrentado críticas por el prolongado dominio de su partido, las restricciones a la oposición y la falta de alternancia política.
Su última aparición pública ampliamente difundida ocurrió el 20 de mayo, durante los actos oficiales por el Día Nacional de Camerún en la capital, Yaundé.
Mientras el Gobierno insiste en que el presidente continúa ejerciendo plenamente sus funciones desde Europa, el prolongado silencio sobre su estado de salud y la ausencia de información precisa mantienen abiertas las especulaciones sobre el futuro político del país y sobre la continuidad de uno de los líderes más longevos del mundo.


