Con el 94% de las mesas escrutadas, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez están separados por apenas 30.000 votos; el recuento promete ser largo y la incertidumbre política impacta en los mercados y la gobernabilidad
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LIMA.– Este lunes, el diario peruano *El Comercio* tituló su portada: “Jornada cerrada pero con final abierto”, reflejando la tensión que se vive en Perú. Con el 94% de las mesas contabilizadas, el balotaje presidencial mostraba un empate técnico entre Keiko Fujimori, representante del conservador Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, candidato progresista de Juntos por el Perú. La diferencia entre ambos rondaba los 30.000 votos, en lo que constituye la octava segunda vuelta electoral de la historia reciente del país, y se suma a la serie de desenlaces ajustados que han marcado la política peruana.
La incertidumbre electoral ya impactaba en los mercados. La Bolsa de Valores de Lima abrió con una caída del 1,53%, mientras que las empresas peruanas que cotizan en Estados Unidos registraban movimientos a la baja. Paralelamente, el sol peruano se depreció un 1,70%, cotizándose en 3,497/3,504 frente al dólar.
“Las encuestas muestran que la contienda sigue extremadamente reñida, lo que genera una incertidumbre real para los mercados”, afirmó Andrés Abadía, economista jefe para Latinoamérica de Pantheon Macroeconomics, a la agencia Reuters.
De acuerdo con el conteo oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Fujimori obtenía el 49,9% de los votos frente al 50,1% de Sánchez. La estrecha diferencia anticipaba un cierre de escrutinio prolongado y tenso, siguiendo la tendencia de elecciones recientes. Por ejemplo, en 2016 Pedro Pablo Kuczynski superó a Fujimori por apenas 41.057 votos (0,2 puntos) y en 2021 Pedro Castillo la derrotó por 44.263 sufragios (0,3 puntos).
En este contexto, el presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, advirtió que los resultados finales podrían tardar hasta 30 días y llamó a la ciudadanía a mantener la calma y actuar con responsabilidad democrática. La cautela se justifica por precedentes recientes: el cómputo definitivo de la primera vuelta del 12 de abril se conoció más de un mes después.
El clima político también contribuye a la incertidumbre. Versiones cruzadas sobre un eventual triunfo, celebradas por los partidarios de ambos candidatos, se difunden en un escenario polarizado. En un país que ha acumulado una década de inestabilidad política, la ausencia de un ganador claro prolonga la sensación de fragilidad institucional.
Los candidatos adoptaron posturas prudentes, aunque con matices distintos. Fujimori, desde un hotel en Lima, recordó que “hasta el momento no hay ningún ganador” y pidió paciencia a sus seguidores. Sánchez, por su parte, se dirigió a la Plaza San Martín en un tono más celebratorio, agradeciendo a los pueblos indígenas, campesinos y sectores vulnerables que, según él, “han decidido venir a recuperar el gobierno para el pueblo”, aunque enfatizó la necesidad de esperar el conteo oficial.
Más allá de quién resulte electo, el próximo presidente enfrentará un país con contrastes marcados. La macroeconomía muestra estabilidad relativa, con un crecimiento del PBI estimado en 3,4%, pero la estructura social sigue siendo profundamente desigual: siete de cada diez trabajadores laboran en la informalidad y la inseguridad es la principal preocupación ciudadana.
La dualidad se refleja también en los mercados. Días previos al balotaje, la moneda y la Bolsa de Valores de Lima mostraron caídas ante la inquietud sobre posibles cambios en la política económica. El índice bursátil perdió más de 4%, especialmente en el sector minero, mientras que el sol se depreció casi 2% frente al dólar en una sola jornada. Este lunes, los bonos peruanos registraron ligeras caídas y el dólar abrió a 3,5 soles, con un alza del 0,97% respecto al cierre del viernes.
Una de las mayores preocupaciones de los inversores se centra en el Banco Central de Reserva (BCR) y la continuidad de su presidente, Julio Velarde, visto como un garante de estabilidad monetaria. Desde 2006, Velarde ha permanecido al frente del BCR, atravesando cambios de gobierno y ministros sin perder respaldo político. Durante la campaña, Sánchez planteó la posibilidad de removerlo, lo que generó inquietud sobre la continuidad de la política económica y la estabilidad macroeconómica.
Además, algunas propuestas del candidato progresista, como revisar concesiones mineras, incrementar el salario mínimo en 33% y promover una nueva Constitución, generaron alertas entre los inversionistas, pese a sus reiteradas aclaraciones de que no expropiará activos.
En contraste, Fujimori se presenta como defensora del modelo económico vigente, enfatizando la protección de la propiedad privada y la atracción de inversiones. Su discurso pone énfasis en ofrecer “orden” en la economía y seguridad interna, apelando a la experiencia de su padre, Alberto Fujimori, y su lucha contra Sendero Luminoso.
Sánchez ha basado su campaña en el apoyo de zonas rurales y del sur del país, con un mensaje centrado en reducir desigualdades y fortalecer regiones históricamente postergadas. Su propuesta combina un mayor papel del Estado con la apertura a inversiones estratégicas, como el Tren Bioceánico impulsado por China.
Analistas destacan que el próximo gobierno enfrentará limitaciones estructurales para implementar cambios profundos. “Necesitamos aplicar cirugía mayor. La clase política y parte de la clase empresarial conservadora no quieren cambios reales, quieren mantener el statu quo”, señaló Juan José Marthans a *LA NACION*.
Según Fitch Ratings, la fragmentación del Congreso bicameral, donde ningún partido tendrá mayoría, y los problemas persistentes de gobernabilidad restringirán la capacidad de cualquier administración de impulsar reformas significativas.



